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Tag Archives: Teoria

So far, the general consensus stated that solar activity – in the specific sunspots – and temperatures have maintained an upward trend since the 17th-century-harsh winters, when it seemed that solar flares were in a period of low trend.But now that the error has been corrected, the data show that in the 20th century there was no such completion of solar activity, suggesting that climate change cannot be traced through the sunspots method.

vía Prensa Latina News Agency –

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Antonio Elio Brailovsky, economista especializado en cambio climático y urbanismo, analizó cómo se reacciona en la Argentina ante esa problemática. Advirtió sobre la falta de respuesta de la clase política.

vía| Diario Chaco.

Probablemente esa fue la obsesión que guió su pensamiento: entender los fenómenos. Y con ese fondo apareció la obra que le catapultaría a la fama mundial titulada  Sociedad del riesgo (1986), y traducida a 35 idiomas. El libro salió inmediatamente después de la crisis de Chernóbil, aunque lo había redactado antes, pero eso hizo que su impacto fuera inmediato. La tesis fundamental que esbozaba en él era que la modernidad había producido nuevas situaciones de riesgo que afectaban a todos por igual. Una tesis que el sociólogo resumía con la magnífica frase: “el smog es democrático”. Efectivamente, aunque algunos colectivos parten de situaciones más frágiles, ninguno de ellos puede escaparse a las nuevas situaciones de riesgo que ha generado la modernidad, de la misma forma que tales situaciones ya no pueden resolverse mediante el recurso a medidas aisladas por parte de los Estados nacionales. Esos nuevos riesgos sólo podrían evitarse a través de una constante acción preventiva más allá de las fronteras. La sociedad del riesgo es, en suma, un efecto más de la modernidad y su desarrollo tecnológico y presupone una constante acción anticipatoria de las posibles consecuencias no previstas de dicho desarrollo.

Con posterioridad, el sociólogo volvería a algunas de las posiciones señaladas en dicha obra, pero trasladándolas a nivel global, por ejemplo, en  La sociedad de riesgo mundial (2007). El problema de hoy no sería ya tanto la persistencia de riesgos –cambio climático, energía nuclear, crisis financiera, flujos de inmigrantes masivos-, sino la diferente percepción de los mismos según los países y sus intereses puntuales. La “constante guerra preventiva” frente a los nuevos peligros es global y exige, por tanto, medidas apoyadas sobre un consenso mundial entre los países, pero la ideología dominante, el neoliberalismo, que antepone el negocio a los riesgos, impide que acaben de concretarse en medidas globales eficaces para combatirlo. De ahí que se produzca un “choque de culturas de riesgos” en vez del “choque de civilizaciones” anticipado por Huntington. A ello contribuye también nuestro “déficit de conocimiento”, la imposibilidad de definir con certidumbre absoluta el nivel exacto de los riesgos, lo cual permite refugiarse detrás de todo tipo de racionalizaciones para no adoptar según qué medidas. El cambio climático es un buen ejemplo a este respecto.

La reflexión sobre la sociedad del riesgo pasó enseguida a formar parte de un análisis más general sobre los cambios que se venían produciendo en eso que él calificaba como “segunda modernidad”. Beck fue un activo analista del cambio social en las sociedades desarrolladas, marcadas por la individualización y una creciente capacidad “reflexiva” para la construcción autónoma de las biografías de los nuevos sujetos. Estos ya no aparecían inmersos en estructuras, grupos o clases, sino que construían su identidad a partir de procesos de decisión autónomos, el sujeto se “auto-bricolaba” , se autodiseñaba. En esto coincidió bastante con Anthony Giddens y su grupo de la LSE, con quienes mantuvo siempre un contacto directo y les permitió construir una especie de cártel académico que tendría una enorme influencia sobre movimientos tales como la Tercera Vía de Blair o la Neue Mitte de Schröder. Con aquellos compartía el afán por desentrañar los desafíos de la globalización, y la idea de que la teoría social dejara de ser una especialidad académica para convertirse en un instrumento con el que el público tomara conciencia de la nueva situación del mundo.

Por eso Beck pertenecía a esa clase de sociólogos que, como Bauman, se preguntaban sobre el uso y la utilidad de la sociología. De ahí su afán casi obsesivo por interrogarse constantemente sobre las herramientas conceptuales con las que nos dotamos para entender ese mundo. A este respecto, en un artículo publicado en El País en agosto de 2013 y a raíz de las revelaciones de Eduard Snowden, Beck sentenciaba una lógica del riesgo completamente distinta donde lo que se ponía en riesgo era nada más y nada menos que nuestra libertad. Para calibrar la envergadura de estos cambios, afirmaba Beck, había que plantearse si “nosotros, como científicos sociales, hombres corrientes y usuarios de estos instrumentos de información digital, ya nos hemos dotado de conceptos adecuados para describir cuán profunda y fundamentalmente se han transformado la sociedad y la política”. Y añadía “creo que carecemos aún de categorías, mapas y brújula para ese Nuevo Mundo”.

Por eso no sería aventurado afirmar que en Beck se dieron cita dos grandes esfuerzos. El primero, iría dirigido a comprender el mundo contemporáneo y dar cuenta de los peligros y ambivalencias de esta nueva modernidad tecnológica, reflexiva e individualizada. Los avances habían sido muchos, pero, a parte de los riesgos ya vistos, tales avances no habrían desembocado necesariamente en la realización de las promesas de la “primera” modernidad, como pudieran ser la creación de mayores cotas de solidaridad y democracia. El segundo de sus grandes esfuerzos y en parte derivado del anterior, buscaba además de comprender el mundo, transformarlo. Para ello puso todo su empeño en desarrollar un nuevo cosmopolitismo que dejara atrás lo que él denominó “nacionalismo metodológico”, con su amplia proliferación de “instituciones zombis” incapaces de afrontar los nuevos desafíos.

La crisis europea no hizo sino confirmarle en sus hipótesis, y sus últimos ensayos se centraron en reivindicar una mayor unificación europea y en criticar la política de su país en la gestión de la misma. Junto a Habermas se lamenta de que se esté apuntalando una Europa alemana (2012), estancada además en esa “estela de la tecnocracia”. El mayor objeto de sus críticas fue la propia canciller alemana, A. Merkel, cuya indecisa posición por resolver los problemas planteados respondería, a su juicio, a una maquiavélica “duda premeditada”, a un no-decidir estratégico. De ahí que le diera el nombre de “Merkiavelli”. Su propia respuesta a la crisis la reflejó en un manifiesto que publicó junto con D. Cohn-Bendit, “Somos Europa”, en el que apuesta por una integración más profunda del continente. Previamente ya había planteado la necesidad de crear partidos europeos que concurrieran en las elecciones nacionales de los diferentes países de la UE para ir creando más Europa de abajo arriba.

Sin duda, aquello por lo que este prolífico autor será recordado en la teoría sociológica es por haber anticipado lo que en tiempos futuros ya será una evidencia, la necesidad de contrarrestar los desafíos de la globalización con un nuevo espíritu político, eso que ya desde los estoicos recibió el nombre de cosmopolitismo. No como una alternativa a los sentimientos nacionales, sino como el complemento imprescindible para hacer frente a los peligros y riesgos de esta nueva modernidad que hasta que él apareciera estaba tan huérfana de teoría.

 

vía Eldiario.es.

víaVimeo.

vía Econoticias.

Mediciones de la NASA y el Centro Nacional de Datos de Hielo indican que el Ártico perdió un promedio de 32.000 kilómetros cuadrados de hielo marino cada año desde finales del año 70. Mientras tanto, la Antártida se ha ganado un promedio de 10.000 kilómetros cuadrados por año, que no es suficiente para equilibrar el balance.¿Por qué los océanos Ártico y Antártico se comportan de maneras diferentes?. “El aumento que hemos visto en el hielo marino antártico es en parte un misterio”, admite Meier. “Todavía estamos tratando de entender cómo un clima más cálido general provoca aumentos regionales en la cubierta de hielo.”La NASA apunta varias causas VIENTO, DESHIELO DE GLACIARES O MÁS PRECIPITACIÓN

vía ¿Por qué hay más hielo en el Antártico con el cambio climático? | Causa Abierta.

vía ¿Por qué hay más hielo en el Antártico con el cambio climático? | Causa Abierta.

A pesar de su importancia en el balance de la energía del planeta, es difícil medir la eficacia de una superficie que emite energía en el infrarrojo lejano. Además, su influencia en el clima del planeta no está bien representada en los modelos climáticos. Los modelos asumen que todas las superficies son completamente eficientes en la emisión de energía en el infrarrojo lejano.

Ese no es el caso. Los científicos descubrieron que los océanos abiertos son mucho menos eficientes que el hielo marino cuando se trata de emisores en la región del infrarrojo lejano del espectro. Esto significa que el Océano Ártico atrapa gran parte de la energía de la radiación de infrarrojo lejano, un fenómeno hasta ahora desconocido que probablemente está contribuyendo al calentamiento del clima polar.

 

Su investigación aparece en la revista Proceedings.

 

“La emisividad de la superficie de infrarrojo lejano es un tema inexplorado, pero merece más atención. Nuestra investigación encontró que las superficies no congeladas son emisores pobres en comparación con las superficies congeladas. Y esta discrepancia tiene un impacto mucho mayor en el clima polar de lo que los modelos actuales indican”, dice Daniel Feldman, un científico de la División de Ciencias de la Tierra del Laboratorio de Berkeley y autor principal del artículo.

 

“En base a nuestros resultados, se recomienda que se hagan más esfuerzos para medir la emisividad de la superficie de infrarrojo lejano. Estas mediciones ayudarán a los modelos climáticos a simular mejor los efectos de este fenómeno en el clima de la Tierra mejor”, dice Feldman.

 

vía Berkeley Lab 

 naturals Causes ► Glaciation 2014

▶ – YouTube.

 

El cambio climático no afecta la frecuencia ni la intensidad del Fenómeno de El Niño, ya que éste responde a variabilidades de otro tipo, afirmaron expertos del Instituto Geofísico del Perú IGP.“No existe evidencia científica de que el cambio climático cambie el patrón de El Niño. La información histórica que se tiene de este fenómeno es que ha tenido mucha variación natural”, explicó el investigador Ken Takahashi.Sin embargo, manifestó el científico, lo que se observa es que el cambio climático afectará el aire, por tanto habrá más humedad y eso podría generar el incremento de lluvias que no se asociarían con El Niño.

vía RPP NOTICIAS.

Ya no vale con ‘opinar’ o ‘criticar’, son ‘brindis al sol’, ya solo vale ‘actuar’, y no podemos pensar que el proceso será de arriba abajo, lamentablemente la experiencia nos indica que la ‘revolución’ debe empezar desde el mismo individuo con pequeños gestos para ir creciendo hacia arriba y presionar colectivamente a nuestros gobiernos para que tomen las medidas ‘contundentes’ que requiere este planeta y sin las cuales no existe el termino ‘futuro’.

vía  Jordi Company Armengol.