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Tag Archives: Debate

Sarah Palin says people should not be afraid to challenge the scientific community over global warming

Origen: The guardian

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Origen:  YouTube

La instancia fue organizada por la Fundación RAD, el Consejo Nacional de Innovación y la Universidad Adolfo Ibáñez. – Reabrirán parte del relleno Santa Marta  Tras los acuerdos de la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, más conocida como COP21, es necesario discutir los desafíos sobre el control de las emisiones de CO2 en el mundo. En esta edición participaron Bjorn Lomborg : Director del Centro de Consenso de Copenhague y autor del libro “El Medioambiente Escéptico. Guido Girardi : Senador y Presidente de la Comisión Desafíos del Futuro del Senado. Gabrielle Walker : Experta en cambio climático y la industria energética Arjen Hoekstra : Creador de “Huella Hídrica” y jefe del departamento de ingeniería y Gestión de Aguas en la Universidad de Twente. Kumi Naidoo : Defensor de los derechos humanos, ambientalista internacional y Director Ejecutivo Internacional de Greenpeace 2009-2015 Ricardo Kat : M.Sc en Gestión Ambiental, Ingeniero Civil, investigador asociado del Centro de Estudios Públicos. Moderador John Mulholland:  Editor del diario británico The Observer Más detalles, en el video adjunto.

Origen:  CNN Chile

Durante la Cumbre los líderes dijeron cosas maravillosas, pero en los debates demostraron mantener su mezquindad de siempre. EE.UU. y China emiten el 45% de los gases de efecto invernadero y sumados a Europa, Rusia, India y Japón, llegan casi al 70%. La Cumbre climática se empantanó al discutirse cómo se indemniza el daño causado y cómo se financia el paso hacia las energías renovables. Todos saben que el Senado norteamericano con mayoría republicana nunca le aprobará a Obama indemnizar los daños causados.Por ello es preocupante el fingido optimismo que se trata de instalar sobre el denominado “Acuerdo de París”, en el cual no aparecen siquiera nombradas las palabras “combustibles fósiles”, “petróleo” y “carbón” y la fenomenal deuda climática del norte hacia el sur brilla por su ausencia. Por su parte, Argentina llegó a esta cumbre sin haber promovido un debate serio sobre el proyecto energético nacional y el cambio de nuestra matriz energética, cuyo 90% son energías fósiles. Su plan estaba a contramano de la tendencia de la COP21, que es reducir la producción y consumo de hidrocarburos, y proponía explotar el petróleo no convencional en Vaca Muerta con la técnica del fracking, -más costosa, de poca vida útil y más contaminante- y la construcción de tres megahidroeléctricas, tres centrales nucleares y una central a carbón. Para hacerla viable, el gobierno de Cristina fijó el precio del barril en u$s 77 que encareció toda la economía. Caso único en el mundo: hoy el barril vale u$s 37 y la diferencia de u$s 40 es subsidiada por los consumidores de combustibles. Las corporaciones petroleras con el 83% del mercado nacional reciben anualmente lo que nos costo YPF, mientras las economías regionales agonizan. Argentina tiene una potencialidad enorme para desarrollar las energías renovables. El costo sumado de las centrales nucleares, megarrepresas hidroeléctricas y la central a carbón superaría los US$30.000 millones. Con esos recursos podrían instalarse 13.300 MW de energía eólica, lo que equivale al 43% de la generación eléctrica argentina, o podrían generar 12.200 MW de energía fotovoltaica para abastecer a más de 15 millones de hogares o 5.400 MW de energía solar termoeléctrica equivalente a siete plantas nucleares como Atucha II generando electricidad las 24 horas del día toda la semana y sin dejar residuos nucleares. Durante mi estadía en la Cumbre expuse las ideas básicas de nuestro proyecto “Argentina 2050-100% Energías Renovables” que garantiza la producción de energía para autoconsumo; y expone premios y beneficios impositivos para la generación o autogeneración de energía demostrando que las energías renovables 100% pueden financiarse con capital privado y público. La crisis de la civilización del petróleo exige cambiar hábitos de vida para avanzar hacia la civilización de los Derechos de la Naturaleza. ¿Hasta cuando vamos a aceptar que la Naturaleza siga siendo considerada una mera mercancía y no un sujeto de derecho con las protecciones de cualquier persona jurídica? Quizás no exista una causa mayor desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que luchar por los Derechos de la Naturaleza.Fernando Pino Solanas. Senador nacional

Origen: Clarin

El pleno de la XXI Conferencia sobe el Cambio Climático aprobó, este sábado, el acuerdo final producido por la COP21, para contener el calentamiento global.

1. El objetivo central del documento es que la temperatura no aumente más de dos grados centígrados, a nivel mundial, para fines de este siglo. Más aún, los países firmantes se comprometieron a llevar a cabo todos los esfuerzos necesarios para que no se incremente más 1,5 grados. 2. Forma legal: El acuerdo adoptado es legalmente vinculante pero no la decisión que lo acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones. No obstante, el mecanismo de revisión de los compromisos de cada país sí es jurídicamente vinculante para tratar así de garantizar el cumplimiento. 3. Reducción de emisiones: 187 países de los 195 que forman parte de la Convención de cambio climático de la ONU han entregado compromisos nacionales de lucha contra el cambio climático que entrarán en vigor en 2020 y se revisarán al alza cada cinco años. Los países que no lo han hecho deberán presentarlos para poder formar parte del acuerdo. Cada Estado se compromete a tomar las medidas necesarias para cumplir lo que dice en su contribución, y los que quieran podrán usar mecanismos de mercado (compraventa de emisiones) para cumplir sus objetivos.

4. Revisión: Los países revisarán sus compromisos al alza cada cinco años, con la idea de ir aumentando la ambición con el tiempo para asegurar que se alcanza el objetivo de mantener la temperatura “muy por debajo” de dos grados. 5. Cumplimiento: No habrá sanciones, pero habrá un mecanismo transparente de seguimiento del cumplimiento para tratar de garantizar que todo el mundo hace lo prometido, y que advierta antes de que expiren los plazos si los países van o no por la senda del cumplimiento.  6. Meta a largo plazo: Las naciones se proponen que las emisiones toquen techo “tan pronto como sea posible”, reconociendo que esta tarea llevará más tiempo para los países en desarrollo, y que se efectúen reducciones rápidas a partir de ese momento. Además, los países se comprometen a lograr “un equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” en la segunda mitad de siglo, lo que viene a suponer cero emisiones netas, o dicho de otro modo: no se pueden lanzar más gases que los que el planeta pueda absorber por sus mecanismos naturales o por técnicas de captura y almacenamiento geológico.

7. Financiación: El acuerdo dice que los países desarrollados “deben” contribuir a financiar la mitigación y la adaptación en los Estados en desarrollo, y anima a otros países que estén en condiciones económicas de hacerlo a que también aporten voluntariamente. La intención de financiar debe ser comunicada dos años antes de transferir los fondos, de manera que los países en desarrollo puedan hacerse una idea de con qué montos cuentan.  Las naciones ricas deberán movilizar un mínimo de 100.000 millones anualmente desde 2020 para apoyar la mitigación y adaptación al cambio climático en los países en desarrollo, así como revisar al alza esa cantidad antes de 2025. 8. Pérdidas y daños: El texto reconoce la necesidad de poner en marcha el “Mecanismo de Pérdidas y Daños” asociados a los efectos más adversos del cambio climático, pero no detalla ninguna herramienta financiera para abordarlo.

Entrada en vigor

9. Adopción: Tendrá lugar en una ceremonia de alto nivel en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, el 22 de abril de 2016. 10. Entrada en vigor: El nuevo acuerdo entrará en vigor cuando al menos 55 partes, que sumen en total el 55% de las emisiones globales lo hayan ratificado.

Origen: | CNNEspañol.com

James Hansen, el científico de la NASA que alertó hace tres décadas sobre los riesgos del cambio climático en el Congreso, ha calificado el Acuerdo de París como “un fraude y una farsa”. Desmarcándose del tono de celebración entre los líderes políticos, en declaraciones a ‘The Guardian’, Hansen cuestionó el contenido del acuerdo de 31 páginas alcanzado en París como “una suma de palabras y de promesas, sin acciones concretas”. “El acuerdo es una excusa que tienen los políticos para poder decir: tenemos una meta de dos grados e intentaremos hacerlo mejor cada cinco años”, declaró Hansen, que criticó el hecho de que el texto no mencione siquiera por su nombre al auténtico causante del problema: las energías fósiles”. “Mientras los combustibles fósiles sean los más baratos, los vamos a seguir quemando”, añadió Hansen, que a su paso por París defendió la necesidad de gravar el petróleo, el carbón y en menor medida el gas: “No lo llamaría impuesto del carbono porque eso asusta a la gente, pero los grandes contaminadores tienen que pagar”. Hansen destacó que el acuerdo, que insta a los 196 países firmantes a alcanzar el “pico” de emisiones “lo antes posible”, no establece un objetivo claro ni fija un calendario o una meta en el horizonte.

Argentina ocupa el puesto 21 en el ranking de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, se pronunció a favor de seguir subsidiando energías sucias ¿Qué pasará tras el cambio de gobierno? “El 43 % de los gases que produce el efecto invernadero en Argentina corresponden a la producción de energía, el 28 % la Agricultura y Ganadería, el 21% al cambio del uso del suelo, el 5% a residuos y el 3% a procesos industriales” señaló Carolina Vera, doctora en Ciencias de la Atmósfera y vicepresidenta del Grupo de Trabajo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Los datos de Vera provienen de un estudio que realizó junto a su equipo de investigación que presentaron en la Conferencia sobre Cambio Climático que se lleva a cabo en París. Dichos niveles de emisión hacen que Argentina contribuya con el 0,88 % al total mundial de gases y se ubique en el puesto 21, tabla que tiene a Estados Unidos y China a la cabeza. A pesar de aceptarse semejantes daños, la postura de nuestro país se presenta adversa. Penosa representaciónEn la cumbre de Paris se explicó que las tecnologías limpias ya están teniendo impacto en la atmósfera. En 2015 las emisiones empezaron a declinar levemente: esto quiere decir que es posible crecer con energías distintas a los combustibles negros. Arabia Saudita, país petrolero por excelencia, argumentó que el futuro se llenará de pobres si no seguimos quemando fósiles.La delegación argentina se sumó a estos argumentos en este tema, lo que dejó perplejos a delegados y ONGs por igual.  La investigadora Mónica Araya, ex negociadora por Costa Rica, se preguntó qué era lo que tenía nuestro país por ganar con esto. “Argentina se está quedando atrás en vez de aprovechar el momento político por las renovables”, indicó.

Origen:  | Diario Hoy

Los historiadores futuros —si es que hay historiadores en el futuro— casi con seguridad dirán que el hecho más importante sucedido en el mundo en diciembre de 2015 fueron las conversaciones sobre el clima en París. Es cierto que nada de lo acordado allí bastará, por sí solo, para resolver el problema del calentamiento global. Pero las conversaciones podrían señalar un punto de inflexión, el principio de la clase de intervención internacional que se necesita para evitar la catástrofe. Claro que, podría no ser así; y estaríamos condenados. Y si lo estuviésemos, sabemos quién es el responsable: el Partido Republicano.Sí, ya sé cómo reaccionarán muchos lectores: ¡qué partidista! ¡Qué exagerado! Pero lo que acabo de decir es una verdad evidente. Y la incapacidad de nuestros medios de comunicación, nuestros expertos y nuestro sistema político en general para afrontar esa verdad es un factor que contribuye de manera importante al peligro al que nos enfrentamos. Cualquiera que siga los debates políticos de EE UU sobre el medio ambiente sabe que los políticos republicanos, en su inmensa mayoría, se oponen a toda medida destinada a restringir las emisiones de gases de efecto invernadero, y que la mayoría rechaza el consenso científico sobre el cambio climático. El año pasado, PolitiFact solo fue capaz de encontrar ocho republicanos en el Congreso, de los 278 que componen la asamblea, que hubiesen hecho comentarios en público aceptando la realidad del calentamiento global provocado por el hombre. Y la mayoría de los aspirantes a la candidatura republicana a la presidencia están bien afianzados en el terreno anticientífico.Sin embargo, puede que la gente no se dé cuenta de lo enorme que es el muro de negación del Partido Republicano, tanto en el ámbito de EE UU como en el mundo entero. A menudo oigo decir que la izquierda estadounidense es tan mala como la derecha en lo tocante a la ciencia, y menciona, por ejemplo, la histeria ante los alimentos genéticamente modificados o ante la energía nuclear. Pero, aunque crean que esas opiniones son comparables a la negación del cambio climático (que no lo son), no son más que puntos de vista defendidos por algunos miembros de la izquierda, no una ortodoxia impuesta a todo un partido por aquellos a quienes incluso mi compañero conservador David Brooks llama “policía del pensamiento”.Y la ortodoxia de la negación del cambio climático no se limita a afirmar que el consenso científico está en un error. Los congresistas republicanos de más rango se dejan llevar con frecuencia por extravagantes teorías conspirativas, y sostienen que las pruebas sobre el cambio climático son el producto de un engaño perpetrado por miles de científicos de todo el mundo. Y hacen todo lo posible por acosar e intimidar a los profesionales científicos.Es algo que forma parte de una larga tradición: el famoso ensayo de Richard Hofstadter The Paranoid Style in American Politics [El estilo paranoico en la política estadounidense] se publicó hace medio siglo. Pero que ese estilo se apodere de uno de los dos grandes partidos es algo nuevo. También es algo sin parangón en el extranjero. Es cierto que los partidos conservadores de Occidente tienden a ser menos partidarios de actuar contra el cambio climático que los partidos de izquierdas. Pero en la mayoría de los países —de hecho, en todos salvo EE UU y Australia— esos partidos respaldan las medidas destinadas a restringir las emisiones. Y los republicanos de EE UU son los únicos que se niegan a admitir que haya siquiera un problema. Por desgracia, dada la importancia de EE UU, el extremismo de un partido en un país tiene unas consecuencias mundiales enormes.En justicia, las elecciones de 2016 deberían considerarse un referéndum sobre ese extremismo. Pero es probable que no las presenten de ese modo. Lo que me lleva a algo que podríamos llamar ‘el problema de la negación de la negación del cambio climático’. Parte de esta negación proviene de los republicanos moderados, que todavía los hay (solo que no ocupan cargos elegidos por votación). Estos moderados tal vez admitan que su partido ha perdido la noción de la realidad en lo tocante al clima, pero tienden a sostener que no será siempre así, que el partido recobrará la sensatez en cualquier momento. (Y, por supuesto, encontrarán motivos para apoyar a cualquier negacionista climático que el Partido Republicano elija como candidato presidencial).Todo lo que sabemos del proceso que ha llevado a los republicanos hasta este punto nos dice que eso es fantasía. Pero es una fantasía que nublará la percepción de los ciudadanos. Más importante sea la negación inherente a las convenciones del periodismo político, que dictan que siempre se debe describir a los partidos de forma simétrica (que toda información sobre las posturas extremas adoptadas por una parte deben presentarse de tal modo que parezca que ambas partes actúan así). Lo hemos visto en el asunto de los presupuestos, donde algunos analistas que se autodenomina

Origen: El País –

El Petition Project es la causa con más respaldo cuantitativo de científicos estadounidenses: más de 31.000 cree que son falsos los asertos fundamentales del llamado “cambio climático”.

1.- Nunca el planeta ha estado tan cálido

Ésta es una de las ideas más clara y rápidamente refutables. En períodos prehistóricos como el cámbrico, jurásico, triásico o devónico la Tierra tenía unas temperaturas medias entre 3 y 7 ºC superiores a las actuales. En la Edad Media entre los años 800 y 1300 aproximadamente tenemos el conocido como “óptimo climático medieval” la temperatura era muy superior a la actual, lo mismo que el período cálido del imperio romano. En la Edad Medieval los vikingos podían cultivar en Groenlandia y Gran Bretaña tenía fértiles viñedos.

2.- El CO2 es el gas invernadero más común

Cuando nos hablan de “cambio climático”, nos aluden casi exclusivamente al dióxido de carbono. Los gases de efecto invernadero suponen un 3% de la atmósfera en volumen. El CO2 constituye un 0,037% de la atmósfera, siendo en presencia un gas invernadero claramente no principal. El principal gas invernadero es claramente el vapor de agua.

3.- El cambio climático crea eventos meteorológicos extremos

Los huracanes en el Atlántico fueron mucho más comunes entre 1950 y 1975 que desde entonces hasta hoy. Las granizadas en EEUU eran mucho más comunes hace medio siglo. Las precipitaciones extremas eran igual de frecuentes a finales del siglo XX que a principios del mismo. Muchos estudios además apuntan a que el calentamiento produciría un clima más estable, no más extremo. El Sol, además, influye en esto mucho que el CO2, si es que lo hace.

4.- El CO2 es un tóxico y contaminante ambiental

El CO2 es necesario para el crecimiento de las plantas y su mayor presencia provoca que crezcan más árboles. De hecho, las épocas prehistóricas a las que nos referíamos antes tenían niveles muy superiores de CO2 y el nivel de vegetación era también muy superior.

5.- El 97% de científicos está de acuerdo en el “cambio climático” es causado por el hombre

Hace tiempo la NASA se hace eco de una encuesta que afirma que el 97% de los científicos está de acuerdo en que el “cambio climático” es causado por el hombre. Sin embargo este dato proviene de una encuesta ampliamente contradicha por otras. Concretamente, dicha encuesta fue realizada por Doran y Zimmerman con algo más de 3000 personas. ¿Cuántos de ellos eran expertos en climatología? Sólo 79, menos del 3%. Otro famoso supuesto estudio citado para respaldar la idea del consenso del cambio climático fue en 2013 el de John Cook, un blogger australiano que revisó estudios entre 1991 y 2011. Sus conclusiones fueron pronto refutadas en la revista “Science and Education”, donde se volvieron a revisar los estudios empleados por Cook para concluir ahora que menos del 1% de éstos establecían que el ser humano era causante de algún “cambio climático”. Un estudio alemán de 2008 concluyó que los científicos esencialmente están en desacuerdo sobre la validez de los modelos climáticos.  Sólo el 39,5% de los miembros de la American Meterology Society creen que hay un “cambio climático” causado por el hombre.

Hasta ahora, posiblemente el Petition Project es la causa que aglutina más respaldo cuantitativo de científicos en la materia. Más de 31.000 científicos estadounidenses que cree que son falsos los asertos fundamentales del llamado “cambio climático”.

En última instancia debemos recordar que el clima cambia fundamentalmente por el Sol, no por el CO2 o las elecciones políticas.

Origen: | Instituto Juan de Mariana

¿Los seres humanos provocamos el calentamiento global? Una postura distinta de nuestro columnista.

Este artículo pretende desmentir la teoría que afirma que el bióxido de carbono (CO2) producido por la humanidad es causal del cambio climático.

Adicionalmente, quisiera diferenciar dicha teoría de la realidad de la polución generada por el ser humano, científicamente comprobada. Mi tesis alterna es muy sencilla. Despreocupémonos del cambio climático y más bien ocupémonos de la polución. Parecería lo mismo, pero el ejercicio de “enmarcar el problema” en forma distinta nos lleva a soluciones muy diferentes. El primero, nos lleva a batallar la industria de hidrocarburos y transporte, mientras la alterna nos lleva a cuestionar nuestras acciones personales y cómo ellas colectivamente afectan al medioambiente. Preocuparnos por la polución nos lleva a buscar ambientes afectados, estudiar las causas científicamente, y proponer soluciones que al corto plazo y directamente cambien para mejorar el estado de dicho ambiente. Nos deberíamos preguntar también, cómo surge la guerra ideológica en contra del cambio climático y su prevalencia, si la estadística no respalda la tesis que el CO2 producido por la humanidad es la causa de cambios climáticos anómalos.

La hipótesis de cambio climático empieza en los 70 cuando la temperatura global se encontraba en descenso por 30 años y se creía que una nueva edad de hielo avecinaba. Al mismo tiempo se planteó el uso más intensivo de hidrocarburos como forma de contrarrestar dicho fenómeno por la teórica correlación positiva entre el CO2 e incrementos en temperatura. Los embargos petroleros y la crisis de la minería de carbón en Inglaterra incentivaron la canalización de dinero público al estudio de la teoría del efecto del CO2 sobre la temperatura global. El gobierno inglés creó el incentivo inicial de la teoría del calentamiento global como una herramienta política para contrarrestar a los sindicatos mineros de carbón y la inseguridad política y económica global precipitada por el medio oriente. En Inglaterra se creó la unidad de modelamiento climático, la cual fue la base para la comisión intergubernamental del cambio climático (IPCC de las Naciones Unidas) que eventualmente propuso formalmente la teoría del consumo de hidrocarburos como la causal del calentamiento global moderno.

¿Cuáles son las principales razones que ponen en duda esta tesis? Primero, el clima suele estar en un estado de cambio continuo. Por ejemplo, la era de calentamiento por la que pasamos se vio también entre el año 950 y 1350, cuando claramente no había consumo de hidrocarburos (más ejemplos abundan). Segundo, la temperatura global cayó durante la epoca de producción más intensiva de CO2. Específicamente, desde los 40 hasta el 75, la temperatura descendió e inclusive se creó pánico por una posible nueva edad de hielo. Tercero, el CO2 no es un gas significativo en la causal del llamado efecto invernadero (la correlación es baja en comparación a otras fuentes). La concentración de CO2 en la atmosfera es sólo de 0.054% y muy poco de dicha concentración es producto del ser humano. Cuarto, el efecto invernadero no se ha magnificado. Según la teoría del efecto invernadero, la temperatura debería de incrementar en el área desde la tierra hasta el punto medio de la troposfera (a 10-12km de la tierra), pero no hay evidencia de ninguna diferencia entre la temperatura de la tierra y el medio de la troposfera, lo cual invalida la premisa básica del efecto invernadero. Quinto, la temperatura global tiene un efecto muy retardado sobre concentraciones de CO2. Lo que Al Gore no menciona en su comparación de resultados de testigos de hielo de Vostok en la Antártida y el calentamiento global es que la diferencia entre las concentraciones de bióxido de carbono y el calentamiento global era de 800 años en promedio. Dado el tiempo entre los eventos y la secuencia, es tan probable que emisiones de CO2 siguen al calentamiento global como la secuencia opuesta. La teoría opuesta a la de Al Gore, tiene una explicación racional. Como sabemos, toda entidad animal, vegetal, bacteriana, volcánica e inclusive el mar producen CO2. En realidad, el mayor productor de CO2 en el mundo es el mar, que absorbe CO2 en bajas temperaturas y lo expulsa en altas temperatura cuando dichas moléculas son menos solubles. La profundidad del mar hace que este proceso sea muy lento y ocurra a lo largo de siglos lo cual coincide muy bien con la evidencia citada por Gore. Entonces, vemos que el mar, cuya contribución al CO2 es mucho mayor que la suma de los demás contribuyentes, más bien lo genera en respuesta al calentamiento global y no como causa del mismo.

Hay otras inconsistencias inclusive si uno acepta las premisas erróneas que fundamentan al cambio climático. Por ejemplo, el agro animal sus alimentos y derivados (lácteos) producen más gases invernadero que la suma de la industria de transporte (auto, camiones, tren, avión, y naviera) según el UN Food and Agriculture Organization. Peor aún es el hecho de que el metano producido por la industria ganadera es seis veces más destructivo como gas de invernadero que el CO2. Sin embargo, no hay ninguna ONG batallando a la ganadería como la mayor causal de efecto invernadero en el planeta. ¿No suena absurdo y totalmente ilógico? En el contexto de enmarcar la polución y deterioro del medio ambiento como consecuencia de nuestras acciones colectivas, profundicemos sobre el agro animal. Resulta que esta industria es el mayor contribuyente de la degradación del medio ambiente y el mayor usuario de recursos naturales vitales para la existencia humana. Por ejemplo, la industria petrolera usa 100 mil millones de galones de agua mientras la ganadería usa 35 trillones. Para personalizar este numero, imaginen que una hamburguesa de un cuarto de libra requiere 660 galones de agua para su producción entre el agua que bebe el animal y el agua usada para cosechar el alimento que consume. ¡Comer una hamburguesa equivale a dos meses de duchas diarias! No paremos allí. 91% de la deforestación de las selvas del mundo es debido a la agricultura animal (se deforesta 0.41 hectáreas por segundo en la tierra para alimentar a los animales). El agro animal es responsable por 30% del consumo de agua mundial, ocupa 45% de la superficie no marítima de la tierra y producen 65% del óxido nitroso del mundo, el cual tiene un efecto destructivo 297 veces mayor al CO2 por liba. Este óxido nitroso ha creado 500 áreas inmensas sumando 95,000 millas cuadradas de área marítima donde no hay señal alguna de vida. Si el día de mañana parásemos toda generación de CO2, igual excederíamos nuestra máxima contribución de gases de invernadero en el 2030, solo por el agro animal (asumiendo que la teoría de gas invernadero es correcta).

Entonces, se ha hecho villanos a las industrias transporte, energía y las extractivas, cuando no hay evidencia de su contribución al cambio climático, mientras se le da rienda suelta al agro animal del cual sí hay pruebas contundentes del efecto nocivo sobre el medioambiente. Las razones son simples. El granjero y ganadero no hacen buenos villanos, mientras que grandes empresas de alcance global son perfectos villanos. La otra es que las industrias agropecuarias y ganaderas están muy atomizadas haciendo el chantaje muy difícil de cobrar, mientras que el transporte, energía y minería se concentran en muy pocos nombres corporativos, que son eficientemente chantajeables. Finalmente, la historia del depredador y destructor del medioambiente es un cuento que apela mucho a ciudadanos en “focus groups” especialmente en estos tiempos de polarización económica.

Origen: r Macroman – Altavoz

December 20, 2013

de la Universidad de Drexel, en el que identifica un muy bien organizado movimiento de negación: según sus investigaciones, 140 entidades realizaron 5.299 donaciones por un total de 558 millones de dólares a 91 organizaciones escépticas vinculadas con grupos conservadores entre 2003 y 2010. Entre los donantes se encuentra la petrolera Exxon, junto con otras corporaciones y entidades «sin ánimo de lucro» como la Searle Freedom Trust Foundation, la John William Pope Foundation o la Howard Charitable Foundation. «El dinero amplifica ciertas voces por encima de otras y, de hecho, les da un megáfono en la plaza pública. Los financistas poderosos están apoyando la campaña para negar los hallazgos científicos sobre el calentamiento global y plantear dudas públicas sobre las raíces y los remedios de esta masiva amenaza global», explicaba el autor.

Origen:  Drexel University