Skip navigation

Tag Archives: Agro

Entrevista Dra. Ana Wingeyer, profesional del INTA Paraná e investigadora del CONICET

Link para descarga

Origen: INTA :: Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria

En base a las observaciones en las distintas áreas productivas, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó la producción de soja nacional en 59 millones de toneladas. Este número surge de una estimación de rinde promedio nacional de 30,3 quintales por hectárea, una superficie implantada de 20,3 millones de hectáreas y un área no cosechada de 800.000 hectáreas. En el siguiente cuadro mostramos los datos estimados para cada provincia recordando que los datos de Entre Ríos son tomados del SIBER de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos.

Origen:  | Agrofy News

The sensitivity of agricultural output to climate change has often been estimated by modelling crop yields under climate change scenarios or with statistical analysis of the impacts of year-to-year climatic variability on crop yields. However, the area of cropland and the number of crops harvested per growing season (cropping frequency) both also affect agricultural output and both also show sensitivity to climate variability and change. We model the change in agricultural output associated with the response of crop yield, crop frequency and crop area to year-to-year climate variability in Mato Grosso (MT), Brazil, a key agricultural region. Roughly 70% of the change in agricultural output caused by climate was determined by changes in frequency and/or changes in area. Hot and wet conditions were associated with the largest losses and cool and dry conditions with the largest gains. All frequency and area effects had the same sign as total effects, but this was not always the case for yield effects. A focus on yields alone may therefore bias assessments of the vulnerability of agriculture to climate change. Efforts to reduce climate impacts to agriculture should seek to limit production losses not only from crop yield, but also from changes in cropland area and cropping frequency.

Origen:  Nature Climate Change

Las cuentas son sencillas. “La evapotranspiración de maíz y de soja en febrero suma 180 mm. En marzo, 130. Si en estos dos meses llueven más de 310 mm la situación empeorará y habrá problemas para cosechar y movilizar la producción”, adelanta un técnico del sur de santa Fe. En esa zona, por ejemplo, los maíces de primera se compusieron luego de los fríos de septiembre y de octubre y generan perspectivas de altos rindes si se logran cosechar. Los de segunda, sembrados los primeros días de diciembre, también avanzan bien. “Están en floración avanzada y los agricultores monitorean la roya y el tizón, dos enfermedades que pueden comprometer el rinde potencial”, observa el profesional. En algunos lotes hubo ataques de gusano cogollero, de difícil control. En los campos mixtos está complicado el picado de maíces para silo. “Las máquinas se encajan a cada rato por falta de piso y van de un campo al otro”, observa el asesor. Y añade: “Un productor tenía 180 hectáreas para ensilar y hasta ahora pudo picar 30, con lo cual le quedó un silo aéreo de medio metro de altura, que no sirve”. Frente a eso, muchos optan por el silobolsa. Las sojas de primera ya están en R5, muy buenas, y pueden rendir 40 quintales por hectárea. Hubo pocos ataques de insectos, con presencia esporádica de oruga bolillera y medidora, y de chinches, pero que sólo causaron entre un 5 y un 10 por ciento de defoliación y no obligaron a tratamientos.

Origen: FyO

En medio de la disputa por el menor ritmo de liquidación de divisas desde el campo que esperaba el Gobierno, estiman que el precio de la soja estará en 2016, en promedio, un 11% por debajo del registrado en 2015. Con estos números en mente, los dólares que ingresen por esta vía serán también menores, pese a los stocks guardados en silobolsas y en acopios dentro del país, que oscilan entre 6 y 13 millones de toneladas, según quién las cuente. Esta cantidad, sumada los 60 millones de toneladas de soja que se cosecharán entre marzo y abril de la campaña actual, deberían traducirse en mayores ingresos para este año. Pero las proyecciones de precios en el mercado internacional juegan en otro sentido y contrarrestan todo aumento de cantidades vendidas. Según los registros de aduana, el precio promedio de exportación del grano de soja de 2015 se aproxima a los u$s 367 la tonelada, mientras que el precio 2016 con el que se trabaja como escenario base se ubica en u$s 325, baja que implica un ajuste de 11%, según un estudio de la Fundación Mediterránea. Ingresos por retenciones podrían bajar este año hasta 3.500 millones frente a 2015.

Origen: FyO

Laboreo del suelo

El suelo es el principal reservorio de Carbono (C). Es tal su magnitud que resulta más de dos veces del C existente en la vegetación o en la atmósfera.

Con la agricultura tradicional, como consecuencia del laboreo del suelo, aproximadamente el 50 por ciento de la Materia Orgánica (MO), que es la que contiene al C, se ha perdido en un período de 50 a 100 años. El desafío es revertir esta situación aprovechando este potencial de almacenamiento perdido de C del suelo.

Afortunadamente la práctica de la Siembra Directa (SD), que en la Argentina es de masiva aplicación, está logrando este objetivo.

Se evaluaron los suelos pampeanos del Sur de la Provincia de Córdoba, Sur de Santa Fe, Noreste de La Pampa y Buenos Aires.

Los resultados alcanzados indican que bajo SD se produjo un incremento del C del suelo, en promedio, de 2,78 Tn /ha respecto a labranza convencional.

El período de secuestro de C bajo SD ocurre principalmente entre 4 y 9 años de iniciada la SD con incremento medio de 460 kg C ha/año,”

“La capacidad total de secuestro de C estimada para la región es de 74 Mt C. Esta cantidad de C es equivalente a la que es emitida por consumo de combustibles fósiles en Argentina en un período de dos años, 40 Mt C /año. (H Steinbach y R. Alvarez. FA UBA 2005)

El aumento del C orgánico del suelo, además de los citados beneficios climáticos, mejora la productividad de las cosechas, la calidad del agua, del aire, y del suelo, reduciendo la erosión.

Si esta práctica se impusiera, siquiera en parte de las 1.950 millones de ha de las tierras arables bajo cosecha permanente en el mundo, el impacto en el secuestro de C sería determinante y consecuentemente en alcanzar los objetivos del Acuerdo de París: ponerle limite al aumento de la temperatura global.

Uso de combustible

El hecho de suprimir todas las labores que implican remoción de suelo, hace que la necesidad de combustible se reduzca notablemente.

Para Entre Ríos se estimó una disminución del 59 por ciento en el consumo de gasoil por hectárea cuando se produce bajo el sistema de SD respecto a la convencional: de 58 lt/ha en agricultura convencional a 24 lt/ha en siembra directa. Otras determinaciones indican una disminución de hasta 78 por ciento.

Con este menor consumo, del orden de 34 litros por hectárea sembrada, y considerando que en Argentina se cultivan 22 millones de ha. en SD, la disminución en consumo de combustible fósil, es del orden de 884 millones de litros por año.

Nuestro compromiso y desafío es reducir el daño ambiental de la agricultura, de cuya actividad es absolutamente imposible prescindir, produciendo con eficiencia y con el menor impacto posible, tratando de sostener los servicios ecológicos del medio ambiente.

¿Los seres humanos provocamos el calentamiento global? Una postura distinta de nuestro columnista.

Este artículo pretende desmentir la teoría que afirma que el bióxido de carbono (CO2) producido por la humanidad es causal del cambio climático.

Adicionalmente, quisiera diferenciar dicha teoría de la realidad de la polución generada por el ser humano, científicamente comprobada. Mi tesis alterna es muy sencilla. Despreocupémonos del cambio climático y más bien ocupémonos de la polución. Parecería lo mismo, pero el ejercicio de “enmarcar el problema” en forma distinta nos lleva a soluciones muy diferentes. El primero, nos lleva a batallar la industria de hidrocarburos y transporte, mientras la alterna nos lleva a cuestionar nuestras acciones personales y cómo ellas colectivamente afectan al medioambiente. Preocuparnos por la polución nos lleva a buscar ambientes afectados, estudiar las causas científicamente, y proponer soluciones que al corto plazo y directamente cambien para mejorar el estado de dicho ambiente. Nos deberíamos preguntar también, cómo surge la guerra ideológica en contra del cambio climático y su prevalencia, si la estadística no respalda la tesis que el CO2 producido por la humanidad es la causa de cambios climáticos anómalos.

La hipótesis de cambio climático empieza en los 70 cuando la temperatura global se encontraba en descenso por 30 años y se creía que una nueva edad de hielo avecinaba. Al mismo tiempo se planteó el uso más intensivo de hidrocarburos como forma de contrarrestar dicho fenómeno por la teórica correlación positiva entre el CO2 e incrementos en temperatura. Los embargos petroleros y la crisis de la minería de carbón en Inglaterra incentivaron la canalización de dinero público al estudio de la teoría del efecto del CO2 sobre la temperatura global. El gobierno inglés creó el incentivo inicial de la teoría del calentamiento global como una herramienta política para contrarrestar a los sindicatos mineros de carbón y la inseguridad política y económica global precipitada por el medio oriente. En Inglaterra se creó la unidad de modelamiento climático, la cual fue la base para la comisión intergubernamental del cambio climático (IPCC de las Naciones Unidas) que eventualmente propuso formalmente la teoría del consumo de hidrocarburos como la causal del calentamiento global moderno.

¿Cuáles son las principales razones que ponen en duda esta tesis? Primero, el clima suele estar en un estado de cambio continuo. Por ejemplo, la era de calentamiento por la que pasamos se vio también entre el año 950 y 1350, cuando claramente no había consumo de hidrocarburos (más ejemplos abundan). Segundo, la temperatura global cayó durante la epoca de producción más intensiva de CO2. Específicamente, desde los 40 hasta el 75, la temperatura descendió e inclusive se creó pánico por una posible nueva edad de hielo. Tercero, el CO2 no es un gas significativo en la causal del llamado efecto invernadero (la correlación es baja en comparación a otras fuentes). La concentración de CO2 en la atmosfera es sólo de 0.054% y muy poco de dicha concentración es producto del ser humano. Cuarto, el efecto invernadero no se ha magnificado. Según la teoría del efecto invernadero, la temperatura debería de incrementar en el área desde la tierra hasta el punto medio de la troposfera (a 10-12km de la tierra), pero no hay evidencia de ninguna diferencia entre la temperatura de la tierra y el medio de la troposfera, lo cual invalida la premisa básica del efecto invernadero. Quinto, la temperatura global tiene un efecto muy retardado sobre concentraciones de CO2. Lo que Al Gore no menciona en su comparación de resultados de testigos de hielo de Vostok en la Antártida y el calentamiento global es que la diferencia entre las concentraciones de bióxido de carbono y el calentamiento global era de 800 años en promedio. Dado el tiempo entre los eventos y la secuencia, es tan probable que emisiones de CO2 siguen al calentamiento global como la secuencia opuesta. La teoría opuesta a la de Al Gore, tiene una explicación racional. Como sabemos, toda entidad animal, vegetal, bacteriana, volcánica e inclusive el mar producen CO2. En realidad, el mayor productor de CO2 en el mundo es el mar, que absorbe CO2 en bajas temperaturas y lo expulsa en altas temperatura cuando dichas moléculas son menos solubles. La profundidad del mar hace que este proceso sea muy lento y ocurra a lo largo de siglos lo cual coincide muy bien con la evidencia citada por Gore. Entonces, vemos que el mar, cuya contribución al CO2 es mucho mayor que la suma de los demás contribuyentes, más bien lo genera en respuesta al calentamiento global y no como causa del mismo.

Hay otras inconsistencias inclusive si uno acepta las premisas erróneas que fundamentan al cambio climático. Por ejemplo, el agro animal sus alimentos y derivados (lácteos) producen más gases invernadero que la suma de la industria de transporte (auto, camiones, tren, avión, y naviera) según el UN Food and Agriculture Organization. Peor aún es el hecho de que el metano producido por la industria ganadera es seis veces más destructivo como gas de invernadero que el CO2. Sin embargo, no hay ninguna ONG batallando a la ganadería como la mayor causal de efecto invernadero en el planeta. ¿No suena absurdo y totalmente ilógico? En el contexto de enmarcar la polución y deterioro del medio ambiento como consecuencia de nuestras acciones colectivas, profundicemos sobre el agro animal. Resulta que esta industria es el mayor contribuyente de la degradación del medio ambiente y el mayor usuario de recursos naturales vitales para la existencia humana. Por ejemplo, la industria petrolera usa 100 mil millones de galones de agua mientras la ganadería usa 35 trillones. Para personalizar este numero, imaginen que una hamburguesa de un cuarto de libra requiere 660 galones de agua para su producción entre el agua que bebe el animal y el agua usada para cosechar el alimento que consume. ¡Comer una hamburguesa equivale a dos meses de duchas diarias! No paremos allí. 91% de la deforestación de las selvas del mundo es debido a la agricultura animal (se deforesta 0.41 hectáreas por segundo en la tierra para alimentar a los animales). El agro animal es responsable por 30% del consumo de agua mundial, ocupa 45% de la superficie no marítima de la tierra y producen 65% del óxido nitroso del mundo, el cual tiene un efecto destructivo 297 veces mayor al CO2 por liba. Este óxido nitroso ha creado 500 áreas inmensas sumando 95,000 millas cuadradas de área marítima donde no hay señal alguna de vida. Si el día de mañana parásemos toda generación de CO2, igual excederíamos nuestra máxima contribución de gases de invernadero en el 2030, solo por el agro animal (asumiendo que la teoría de gas invernadero es correcta).

Entonces, se ha hecho villanos a las industrias transporte, energía y las extractivas, cuando no hay evidencia de su contribución al cambio climático, mientras se le da rienda suelta al agro animal del cual sí hay pruebas contundentes del efecto nocivo sobre el medioambiente. Las razones son simples. El granjero y ganadero no hacen buenos villanos, mientras que grandes empresas de alcance global son perfectos villanos. La otra es que las industrias agropecuarias y ganaderas están muy atomizadas haciendo el chantaje muy difícil de cobrar, mientras que el transporte, energía y minería se concentran en muy pocos nombres corporativos, que son eficientemente chantajeables. Finalmente, la historia del depredador y destructor del medioambiente es un cuento que apela mucho a ciudadanos en “focus groups” especialmente en estos tiempos de polarización económica.

Origen: r Macroman – Altavoz

La soja en la región norte. En esta zona, la mirada está en las altas temperaturas promedio que impactan en el cultivo. Aquí los productores tienen un amplio abanico de opciones, que van desde variedades de ciclo de madurez 4 hasta 8. Aunque en el NEA hay precipitaciones desde fines del invierno, durante todo el verano y hasta el otoño, la gran limitante es el estrés térmico. Las altas temperaturas que ocurren durante el mes de enero obligan a sembrar grupos largos, de manera de llegar al período crítico reproductivo en febrero, con buenas lluvias y menores temperaturas.

En el NEA, se recomienda recurrir a variedades de alta estabilidad, si es posible indeterminadas. En el NOA, por su parte, las altísimas temperaturas que afectan al Chaco dejan de ser un problema. Allí se pueden sembrar ciclos más cortos –abundan grupos 6 medios hasta 7 largos- y la dificultad radica en el clima monzónico. Las lluvias están mucho más estacionadas y empiezan recién a fines de octubre y noviembre, por lo que se puede sembrar a partir de diciembre. A la hora de las recomendaciones, nos mantenemos más quietos que nunca en lo que hace a distanciamiento. No tiene sentido, cuando la principal limitante es hídrica, estar buscando mejorar la captación de radiación arrimando surcos,  mantenemos el distanciamiento a 52 y sembramos después de las lluvias, con buen contenido hídrico, aunque se vaya la fecha hacia fin de año. Y se utilizan grupos de madurez que sembrados en diciembre permitan tener el período crítico avanzado en enero o principios de febrero, cuando se reciben precipitaciones”.

En la zona central. Una de las ventajas que tenemos en esta zona es una amplia etapa de cultivo. Podemos estar sembrando soja desde fines de septiembre hasta enero, es decir, de grupos 3 largos a 6.8 indeterminados o 7 cortos. Y aquí juegan un papel importante las variedades con opciones de hábito de crecimiento. Compara dos variedades de ciclo similar. Frente a la que tiene hábito de crecimiento indeterminado, el tallo sigue creciendo casi toda la estación y produciendo nuevos nudos. Frente a la otra, con hábito de crecimiento determinado, que se ve más baja, la planta para de crecer y llega a una determinada altura y se frena. Potencial y estabilidad de rendimiento son las dos herramientas que la RECSO provee para elegir variedades de manera adecuada. Para los productores de la zona centro, el factor más importante es el agua. “La soja no es un cultivo que se pueda sembrar en seco y esperar a que llueva. Es una semilla sumamente sensible, por eso es preferible esperar una lluvia aunque se demore la fecha de siembra un poco. En la franja central hacia el oeste es donde hay que empezar a mirar mucho más los detalles de economía del agua. Es decir, manejar los barbechos, las rotaciones y la siembra directa.

La tercera gran zona sojera es la del Sur. Más allá de ruta 5, en la provincia de Buenos Aires, e incluso más al sur de ruta 3. La radiación es importante, pero la fuerza que empuja el crecimiento en todos los cultivos anuales es la temperatura. En la región sur, menores temperaturas y un período libre de heladas más corto definen una estación de crecimiento más breve que obliga a buscar grupos precoces de madurez –de 2 largo, a 3 y 4 cortos-. En esta región, el cultivo se ha extendido gracias al mejoramiento que se le ha hecho al cultivo, que ha ganado en adaptación a este ambiente. En el Sur se puede hablar de distanciamiento, de arrimar hileras para compensar las menores temperaturas. En lo que hace a fechas de siembra, éstas van desde mediados de noviembre hasta diciembre. Pero el grueso se realiza a partir del 15 de noviembre en adelante. En esta región no vemos surcos cubiertos o sojas con crecimiento importante hasta el año siguiente. Siempre tienen que venir los calores de las fiestas para que la soja explote. Entre las recomendaciones para la zona, se aconseja no sembrar antes de noviembre. Hay que empezar cuando tenemos buenas temperaturas de suelo. En las situaciones en las que se puede y la maquinaria da, arrimar surcos, hacer un estrechamiento de hileras a 40 o 35 centímetros. Además, elegir adecuadamente el material a sembrar. Hoy ya tenemos muy buenos materiales de grupos 3 medios y 3 largos con alto potencial de rendimiento. Aquí son todas indeterminadas y nos permiten tener una situación de alta produccion en lotes buenos. En aquellos en los que existe tosca cercana a la superficie, se debe compensar con variedades más estables y adaptadas a ambientes más restrictivos. Así, Nidera hace un nuevo aporte de contenidos en busca de una más eficiente y sustentable producción agrícola.

El cronograma de capacitaciones de Agricultura Consciente, al que se puede acceder libremente en http://www.agriculturaconsciente.com , continuará en octubre con la participación del especialista en agricultura de precisión Andrés Méndez, de INTA Manfredi, que estará disponible a partir del 20 de octubre.

Origen: infocampo.com.ar

Origen: Doc4Net.

Frente a ese nuevo contexto, Daniel Miralles, de la FAUBA, explica las estrategias de manejo del cultivo de trigo. La charla se encuentra online y pertenece al ciclo 2015 del programa Agricultura Consciente de Nidera (www.agriculturaconsciente.com)

El trigo es uno de los cultivos más afectados por el cambio climático.  En cuatro videos, el especialista detalla qué ha ocurrido con las heladas, cómo manejarse estratégicamente con los cambios en las fechas de siembra y cuándo los anegamientos por excesos hídricos comienzan a perjudicar el rendimiento del trigo. Miralles señala que entre las principales variables que han provocado el cambio climático aparece el aumento de la temperatura (“especialmente de la temperatura media que en el cono sur se encuentra traccionada por un aumento de la temperatura mínima”, indica el técnico), aumento en los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera (“que continuará en ese sentido”), aumento de los golpes de calor (“que van a afectar a los cultivos de invierno”) y un aumento de las precipitaciones (“que irán en incremento en los próximos años”). El especialista remarca que es importante conocer los períodos críticos del cultivo y saber qué impacto tiene el cambio climático en cada uno de ellos sobre los componentes del rendimiento y la calidad de los granos obtenidos.

En primer lugar, Miralles indica que el incremento de la temperatura media reduce o acorta el ciclo del cultivo. Y aclara que si los aumentos de temperatura ocurren en la etapa posterior a la elongación de los tallos se producirá una mayor mortandad de macollos y en consecuencia habrá una menor cantidad de espigas por metro cuadrado. “Además, a la menor cantidad de espigas y de granos por metro cuadrado se suma que el aumento de la temperatura durante la etapa de llenado determina un menor peso de los granos”, agrega. Y al evaluar el impacto del aumento de la temperatura mínima a lo largo del ciclo del cultivo, Miralles señala que por cada grado de aumento en la etapa previa a la antesis se encuentra una reducción del rendimiento que ronda entre el 4 y el 8%, mientras que si ocurre con posterioridad a la antesis esa merma es del 3 al 4% aproximadamente.

Menos heladas

Otro efecto del cambio climático es la reducción del período con heladas en, prácticamente, toda la Argentina. “Uno podría pensar que, en ese contexto, el adelantamiento de la fecha de floración es una estrategia de manejo –dice Miralles-, de modo de evitar una prolongación o exposición del período de llenado de granos a las mayores temperaturas y al efecto negativo del golpe de calor”. Sin embargo, hay excepciones. En el Sudeste, en el triángulo que se forma entre Tres Arroyos, Balcarce y Coronel Suárez, los períodos con heladas no se han reducido e incluso en algunas de estas localidades la última helada ha ocurrido más tardíamente, explicó Miralles. El especialista considera que los requerimientos de vernalización son muy importantesa la hora de analizar el comportamiento de un cultivar frente al cambio en las fechas de última helada. “En muchos de los ciclos largos que se usan en la Argentina –explica-, se produce un fenómeno de requerimientos de horas de frío para florecer, conocido como vernalización, mientras que la mayoría de los ciclos cortos no tienen ese requerimiento”. De esta forma, si se siembran los ciclos largos en períodos con temperaturas más elevadas el riesgo es no poder satisfacer completamente sus requerimientos de horas de frío, que se concentran desde la emergencia, o incluso un poco antes, hasta que el cultivo alcanza la tercera o cuarta hoja. “Esto es muy importante, especialmente en el Sudeste –remarca Miralles-, ya que si se planifica adelantar la fecha de floración se debe evaluar con qué temperatura está cumpliendo esos requerimientos de horas de frío en las primeras etapas del cultivo”. En el caso de aquellos cultivares que requieren vernalización y no la cumplen completamente, el riesgo es que entre las plantas del cultivo aparezca una gran desuniformidad que luego impacta en caída de rendimiento al momento de cosecha.

Fecha de siembra

A medida que se atrasan las fechas de siembra, el cultivo de trigo reduce su rendimiento como consecuencia de quedar expuesto a temperaturas más altas y a una mayor duración del día, y eso determina acortamientos en la duración del ciclo del cultivo. “Pero no todos los cultivares responden de la misma forma”, dice Miralles. El técnico explica que la reducción del rendimiento por cada día de atraso en la fecha de siembra, respecto de la óptima, puede ir desde el 0,5% hasta el 1,7%, y en algunos casos llegar al 2%, tomando en cuenta el rendimiento óptimo de cada localidad. Miralles destaca una herramienta desarrollada por la FAUBA y que permite conocer cómo se modifica la fecha de siembra en función de la fecha de floración y tomar decisiones de acuerdo al material elegido, la zona en que se encuentra y las probables fechas de siembra. Se denomina Cronos, es gratuita, y los productores pueden acceder a ella ingresando a cronos.agro.uba.ar

Impacto de las precipitaciones

Como consecuencia del cambio climático se ve un aumento en las precipitaciones. En muchas regiones cambió la altura de las napas, “como es el caso del Oeste donde la potencialidad de los rendimientos estaba deprimida y la mayor oferta hídrica determinó un mejor rendimiento potencial”, indica Miralles. “La mayor altura de la napa puede ser un beneficio en tanto pueda ser aprovechada por el cultivo –dice Miralles-, pero si se encuentra muy cercana a la superficie, como puede ser a menos de 0,50 o 1metro, se incrementan los riesgos de anegamientos”. El especialista explica que si los anegamientos ocurren en las primeras etapas del ciclo del trigo, el cultivo tiene cierta capacidad de recuperación. En cambio, los efectos de los anegamientos son mucho más nocivos en los momentos previos a la antesis, ya que afectan al número de granos por unidad de área, que es el más importante de los componentes del rendimiento. “Aquellos cultivos que, apuntando a un alto rendimiento, han recibido un elevado nivel de nutrientes, tendrán una mayor biomasa aérea y por lo tanto una mayor transpiración, determinando que el efecto negativo de los anegamientos en la etapa previa a la antesis se encuentren exacerbado –explica el especialista-. Esto se debe a que en los primeros 3 o 4 días de anegamiento se produce una fuerte pérdida de raíces, determinando la incapacidad de la planta para sostener su parte aérea”.

Cómo síntesis, Miralles indica que “el impacto del cambio climático sobre los cultivos de invierno, debido al incremento de la temperatura, será un acortamiento del ciclo del cultivo que llevará a un menor número de granos y consecuentemente a un menor rendimiento”. “Por lo tanto –agrega-, es importante planificar cómo manejar el cultivo en éste contexto, revisar la fecha de floración en cada zona, ajustar las densidades de siembra frente a posibles reducciones del número de macollos y posicionar el período de llenado de granos tratando de evitar los golpes de calor”.

– Noticias agrositio.com.