Skip navigation

No suele haber sorpresas desagradables para los turistas que visitan la ciudad perdida de los inca en Machu Picchu. Llegan desde Cuzco en el tren temático de la empresa de vacaciones de lujo británica Belmond tras ver una pasarela de moda de las últimas prendas de baby alpaca de la marca Michel. La visita suele hacerse con guía y hay tiempo para abundantes selfies con el templo del sol y la montaña detrás, muy cotizados en Facebook.Es una de aquellas “experiencias inolvidables worldwide”, según el eslogan de Belmond. Pero en octubre, con temperaturas récord en la selva alta peruana, la experiencia por poco se convirtió en una pesadilla. Apareció una densa humareda sobre los bosques de la selva alta. Luego, una nube densa de cenizas negras cayó sobre los turistas. Hasta se tuvo que preparar la evacuación. Al final, todo quedó en un susto y una foto singular de la humareda avanzando hacia el altar sacrificial del cóndor. Pero el día siguiente, el subgerente de normativa y gestión ambiental de la provincia de Cuzco Edwin Mansilla, advirtió en el diario La República de Perú que “debido a la sequía, el aumento de temperaturas, y la mayor cantidad de material seco en los bosques, la cifra de incendios probablemente incrementará”. Efectivamente, se producirían veinte incendios en el mes de octubre sólo en la provincia de Cuzco. Los factores de fondo, explicó Mansilla, son “el cambio climático y el fenómeno de El Niño”.Según el Tyndall Center, el centro británico dedicado al análisis del clima global, Perú es el tercer país del mundo más vulnerable al cambio climático. Otros países andinos sobre todo Ecuador y Bolivia, sufren también los riesgos climáticos. Históricamente, el deshielo de los 18 glaciares tropicales de la Cordillera Blanca de Perú así como el Catachachi en Ecuador o el Chacaltaya en Bolivia, habían proporcionado un suministro fiable de agua para los dos millones de habitantes de la cordillera. Ya no. El Catacachi y el Chacaltaya han desaparecido. Los glaciares que permanecen están en retroceso tras perder más del 30% de su masa desde 1975. Se prevé que los que se sitúan a menos de 5.000 metros de altura habrán desaparecido antes del 2035.La causa es obvia. Según las dos estaciones meteorológicas de Puno en el altiplano de Perú cerca del Lago Titicaca, las temperaturas en esa zona andina han subido 0,6 grados en los últimos 15 años, y se prevé que subirán entre el 1,3 y el 1,8 grados más antes del 2030. “El cambio climático ya es una realidad aquí; los campesinos dicen “los puquiales se están secando”, es decir que se pierden una serie de fuentes de agua”, dice Rocío Valdeavellano del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático en Lima. La desaparición de los glaciares constituye un golpe existencial para los habitantes del altiplano ya que proporcionaban agua durante los meses de escasa pluviometría “Los glaciares almacenaban agua para soltarla gradualmente a los páramos, la principal fuente de agua potable en los Andes”, dijo Miguel Saravia del Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregion Andina en Lima.“Por el momento, el agua del deshielo ha llenado lagunas que abastecen a muchas comunidades”, dijo Suyana Huamani , de la oenegé Derecho, Ambiente y Recursos Naturales. “Dentro de 20 años se habrán secado”, añade. A 200 kilómetros por carretera de Machu Picchu y a 4.500 metros de altura, diversas comunidades de campesinos de la provincia de Cotabambas han tenido que bajar desde los altos de la sierra debido a la escasez de agua. No ha sido una decisión fácil; hacia siglos que sus antepasados vivían arriba porque los tubérculos –clases diferentes de patatas, el alimento de subsistencia para estas comunidades– se cultivan en alturas mayores para evitar las plagas. “Ahora vivimos abajo y subimos a cultivar las papas”, dijo Felix Challhuahuacho, residente de una comunidad campesina cerca de la enorme mina de cobre Las bambas, otra fuente de contaminación. Las subidas de temperaturas pueden resultar catastróficas también para la seguridad alimentaria de esos indígenas. “El chuño (un tubérculo de color negro) se cosecha tras la heladas para poder ser conservada durante mese, incluso, años cuando hay escasez de otros alimentos”, dice Zenon Choquehuanca, coordinador de la Asociación de Servicios Educativos Rurales en Puno. “Si no hay heladas, no habrá chuño”, sentencia.Pero el peligro no sólo sobrevuela las comunidades indígenas del altiplano sino sobre las grandes ciudades de la franja desértica de la costa. Aunque los Andes peruanos sueltan una cantidad enorme de agua, el 98% fluye hacia Amazonas en el este. El suministro de agua para los ocho millones de habitantes de Lima puede quedar en entredicho si el cambio climático no se detiene. El suministro de energía tampoco estará a salvo. Por mucho que se aplaude en París el hecho de que el 56% de la energía peruana proceda de fuentes hidroeléctricas (calificada como un recurso renovable), hay un problema. Según un estudio sobre la central Caños de Pato en el Río Santa, la desaparición de los glaciares, supondrá una reducción de la energía del 37%

Origen: La Vanguardia.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: