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El bajo perfil del equipo argentino en la cumbre de Naciones Unidas sobre cambio climático que se lleva a cabo en Lima, liderado por el vicepresidente Amado Boudou (En Perú, Boudou habló sobre cambio climático) y el subsecretario de Medio Ambiente, importaría menos si fuera acompañado de propuestas innovadoras.

En cambio, hasta el momento, prevalece la repetición cansina del argumento de la Conferencia de Río + 20 sobre el Desarrollo Sostenible, de mediados de 2012 , lo que refleja la indiferencia casi total de la administración de Cristina Fernández de Kirchner ante ambas citas. La línea básica de colocación de la responsabilidad exclusivamente en los países desarrollados ya era obsoleta en la discusión del Protocolo de Kyoto de 1992. China superó en 2006 a Estados Unidos en cuanto a emisión de dióxido de carbono (convirtiéndose probablemente ya entonces, o incluso antes, en el principal productor industrial del mundo) y ahora, con 24,6% del total de emisiones, exhibe un pesado liderazgo con cerca de cincuenta por ciento más que el 16,1% de la potencia norteamericana. ¿China, que tiene un PBI per cápita de 6.800 dólares, debería ser considerado un país desarrollado de acuerdo a su responsabilidad en la contaminación? En tal caso, más aun Argentina, dado el PBI per cápita de 14.700 dólares (en valor nominal según el Banco Mundial 2013) .

Mientras hace caso omiso de todas estas responsabilidades, Argentina se ha embarcado en una senda de crecimiento que no es meramente indiferente a criterios medioambientales. Incluso, en algunos aspectos es más hostil que neutral. Las grandes esperanzas puestas en el shale oil de Vaca Muerta son el principal ejemplo. No es tanto que los argumentos en favor del fracking están condenados a perder un debate ambiental sino que ese debate virtualmente no existe. Las dos estrellas más brillantes de la “década ganada” hasta el año pasado fueron la soja y la industria del automóvil. Al respecto, la contribución al consumo de combustibles fósiles de cerca de un millón de nuevos vehículos en las rutas no requiere demasiada explicación, al mismo tiempo que la política de subsidios alimentaba el derroche de energía. En cuanto a la soja, algunos expertos ambientales dicen que la agricultura puede ser más contaminante que la minería, contrariamente a la creencia general, lo que no torna inocente a la actividad extractiva. La actitud benigna tanto de los gobiernos nacional y provinciales hacia los proyectos mineros y el intento de bloquear la Ley de Glaciares sugerirían que identifican el color verde con los dólares más que con la preocupación ambiental. La representación en Lima sólo ha profundizado este vacío político. La presencia de Boudou casi ha provocado más prensa sobre su situación legal que sobre el crucial cambio climático (lo que también debería ser visto como una crítica a los medios de comunicación ), mientras que el secretario de Medio Ambiente, Omar Judis, brilla por su ausencia. ¿Podemos esperar más del gobierno que asuma exactamente dentro de un año?

vía – BuenosAiresHerald.com.

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