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El mes de mayo de 2014 ha sido el más cálido del hemisferio norte desde que se llevan registros (1854), acompañado con un nivel mundial de temperatura que ha estado 0,74 grados centígrados por encima de los niveles promedio del siglo XX. Un estudio publicado en EE.UU. hace dos semanas muestra que en el estado de Dakota del Norte –eje de la revolución del shale gas- se perdió 10% del valor de la cosecha de trigo debido a la sequía de 2006; y en el corn belt (Iowa, Illinois, Nebraska), la ola de calor de 2012 provocó la destrucción de más de 40% de la producción agroalimentaria. Algo semejante sucedió ese año, sólo que con niveles superiores de pérdida, en la agricultura de Rusia, Ucrania, India y México.

Este estudio, patrocinado por el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, señala que, de mantenerse las actuales tendencias, el Medio Oeste de Estados Unidos –corazón de la producción agroalimentaria, la primera del mundo- tendría en 2050 entre 9 y 28 días por año con una temperatura promedio de 35° o más. En los últimos 40 años, ese promedio ha sido de dos días cada 365. Pero en los estados verdaderamente calurosos de Texas, Oklahoma y Kansas, el número de días cálidos puede aumentar desde los actuales 39 a 67/99 días por año. El resultado es que la cosecha de granos en el Medio Oeste puede disminuir en ese período 25%/30%, mientras que en las planicies tejanas o en el Sur de Kansas, las pérdidas pueden trepar a 50% o más.

Las conclusiones del Panel de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (IPCC) son coincidentes. Estima que si las temperaturas mundiales aumentan 2,5°, como se prevé que ocurrirá al concluir el siglo, el PBI global se contraería 2% o más. Enfrentar estos daños implica un proceso de adaptación de la producción, ante todo agrícola. El IPCC cree que es necesario invertir U$S 70.000/U$S 100.000 millones por año a ese efecto, sólo en los países emergentes y en desarrollo. Advierte que esta suma extraordinaria condiciona las cifras que es preciso gastar para ampliar la producción agrícola en las próximas cuatro décadas.

FAO/OCDE prevé que, para enfrentar el crecimiento de la población mundial en 2.000 millones de habitantes en 2050, es preciso aumentar 70% la producción agroalimentaria; y para eso hay que incrementar la inversión en no menos de 50%. Lo que suceda en la producción agroalimentaria en los próximos 40 años requerirá transformaciones y esfuerzos que dejarán muy atrás lo realizado en los últimos 60 años (desde la Revolución Verde de los años ’60 y ’70).

vía Jorge Castro (Clarin).

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