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El cambio climático, capaz de provocar graves perjuicios, es un desafío que debemos asumir. Por ello, la ley 26.509 que regula las emergencias y los desastres agropecuarios resulta un instrumento positivo en la medida en que se aplique con eficacia y con los recursos indispensables, cosa que en los hechos no siempre sucede. La ocurrencia de fenómenos climáticos de gran intensidad y cada vez más frecuentes ha dejado su marca en cultivos y ganados: alternancia de sequías con elevados registros pluviométricos incapaces de fluir pausadamente.

vía  20.06.2014 – lanacion.com  .

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