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La primera tarea es actualizar y sistematizar los conocimientos fragmentarios que poseemos actualmente mediante la confección de un “Atlas de cambio climático del área agrícola nacional”. A partir de esa base se podrán encarar con fundamento una serie de tareas. Sin que el listado que se presenta a continuación pretenda ser exhaustivo dice Sierra- he aquí algunos de los aspectos que resulta necesario revisar y ajustar, desarrollando la tecnología necesaria para que ello sea posible.

-Genética: desarrollar cultivares de granos y pasturas eficientes en el uso del agua, a fin de mejorar su rendimiento en condiciones de déficit hídrico. Promover las variedades de ciclo corto que se adecuen a la menor duración de la temporada de lluvias.

-Épocas de siembra y dobles cultivos: revisar la práctica de siembras muy tempranas y los dobles cultivos, ya que las condiciones de la fase seca los exponen a las heladas y a la disminución de las lluvias.

-Rotación: considerar la posibilidad de restablecer la rotación agrícola-ganadera, ya que la rotación exclusivamente agrícola que se encuentra en vigencia es cada vez más vulnerable a la acción climática. Esta modalidad presentaría la ventaja adicional de proveer una capacidad de recuperación natural de la fertilidad.

-Sistemas de labranza: si bien el sistema de siembra directa vigente presenta buena adaptación al nuevo ambiente, sería conveniente considerar la posibilidad de incrementar su adaptación, volviendo a introducir recursos como los sistemas lister y semilister.

-Manejo de suelos: dado que se observan voladuras en rastrojos de campos manejados con siembra directa, sería conveniente estudiar la posibilidad de generar una mejor cobertura durante el lapso en que no están cubiertos por los cultivos.

-Cadena forrajera: es necesario volver a disponer de reservas para hacer frente a interrupciones prolongadas de la cadena forrajera.

-Combate contra adversidades climáticas, como granizo, vientos y heladas: es urgente mejorarlo y ampliarlo a fin de hacer frente a los crecientes impactos que se están observando.

-Combate de incendios forestales y de campos: es urgente mejorar la capacidad para prevenir este tipo de adversidades.

-Sistema de cosecha, acondicionamiento, almacenaje y transporte: se debe mejorar la eficiencia y reducir costos.

-Sistema de comercialización: debe ser revisado a fin de mejorar su capacidad de cobertura y darle mayor flexibilidad.

-Sistema de previsión y pronóstico de adversidades climáticas: debe ser ampliado y mejorado para que pueda cumplir sus funciones en el nuevo escenario climático.

-Seguros y otros instrumentos financieros: es necesario fortalecer el sistema a fin de que pueda brindar coberturas adecuadas en el ambiente riguroso en que se ha instalado.

-Régimen de emergencia y desastre agropecuario: es necesario revisarlo y darle flexibilidad a fin de que se adecue al nuevo escenario climático.

Tras esa enumeración, Sierra resalta que es necesario impulsar todos estos cambios “con celeridad, para que nos ubiquemos delante y no detrás de los hechos”. “Un gramo de prevención evita más daños que una tonelada de remediación”,

vía Revsita Norte.

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